+ 18 El contenido de este blog podría considerarse demasiado explícito para menores de edad.

Rastinnac y otros relatos

En alguna época y lugar, androides y seres fantásticos se disputarán con los humanos el monopolio de un nuevo recurso universal: energía orgónica.

lunes, noviembre 30, 2009

Caperucita Light (ep. 4)



En un ameno y retirado lugar del bosque, una pareja de jóvenes amantes departía apaciblemente. La chica mordisqueaba, probaba y escupía ociosamente cada variedad de plantas y flores que había estado recolectando hacía un rato; entre sus piernas, una cabeza de cabellos desordenados y patillas salvajes parecía un topo excavando su madriguera.

- Mmm, Caperucita, ¡qué conchita tan rica tienes! siempre húmeda y relajada...
- ¿Ah, sí?... ¡ptúu! ¡éstas son muy amargas!... oye, Lobo, lo siento, pero me faltan algunas hojas y no me puedo tardar mucho, así que alista ese hocico ya.
- ¡Pero si falto yo!
- ¡Ah, ahhh, ya casi, ahh ya ya ya! - Caperucita movía sus dedos cada vez más a prisa.
- Vente, princesa, estoy listo... ahmmm - Lobo recibió el pequeño chorro de Caperucita como en esos dispensadores de agua en los que oprimes un botón y abres la boca para beber.
- Bueno, ya, quítate, niño, que me tengo que ir - Su manita tan delicada se veía como la de una niña al apartar la cabeza de Lobo de las greñas. Era muy sensual verla subirse de nuevo sus calzoncitos.
- Caperucita, no me dejes así - el abrazo de Lobo, que le llevaba varios centímetros de estatura, le hacía pensar en su mamá y el amante fugitivo

Aunque Lobo y Caperucita se tenían muchas ganas, hasta el momento no habían pasado más allá de sus juegos orales y masturbatorios. Tal vez era más falta de tiempo y oportunidad que de fuerza de voluntad, al menos por parte de Caperucita; eso sí, a ella no le gustaba ser presionada.

- ¡Suelta, suelta ya, no fastidies! - Lo aparta bruscamente, dándole unos puños que como era de esperarse, en lugar de frustrarlo lo excitaban más. Cuando ella se agachó a recoger su canasta, el Lobo no pudo resistir lo que dejaba ver su corta faldita y sin pensarlo dos veces plantó la cara entre sus nalgas, abrazándose a sus piernas. Ella lo somete de un halón de orejas como si fuera un perro arrastrado. - Está bien, levántate... bájate los pantalones - Lobo obedeció muy manso; se agachó para poder besarla mientras ella comenzaba a acariciarle los testículos y le hacía crecer el pene en la palma de su blanca y delicada mano. Luego interrumpió el beso y sin dejar de frotarle el miembro, sacó unas hierbas de la canasta y comenzó a masticarlas por unos breves segundos hasta formar una pasta verde en su boca que dejó reposar en la mano que tenía libre. Después de unos cuantos chupetones en toda la punta del glande y algunos rodeos de su lengua en el anillo, Caperucita le frotó el pene con la sustancia verde que había masticado y humedecido con su saliva; apenas hecho esto, se apartó, tomo su canasta y se despidió con un "¡chao!". Lobo no pudo decir ni hacer nada porque de inmediato comenzó a sentir una mezcla de ardor y escozor en el pene que le hacían frotarse desesperadamente, tirado en el suelo, incluso minutos después de verse obligado a eyacular.

lunes, noviembre 16, 2009

Caperucita Light (ep. 3)

Que si Caperucita era en verdad una lolita, eso sería difícil de determinar. Tenía la jovial apariencia de las japonesas entre los 15 y los 25, que si les pusieras un traje de colegiala y las mezclaras con estudiantes no sabrías la diferencia. Ahora bien, si dijésemos que tenía 15, eso la convertiría en una menor y nos meteríamos en problemas; así que digamos que "parecía de 17 pero quién sabe". En todo caso, su mamá no le dejaba tener ninguna clase de amoríos, aunque le había inculcado la sana costumbre de masturbarse.

Cada vez que sentía sus calorcitos, la dulce jovencita iniciaba su ritual, acostándose en calzones con su gorrito rojo puesto. Su lengua se sacudía bruscamente, besando una lengua imaginaria, mientras era apretada por su propio abrazo. Intentaba seguir su fantasía despacio, amasando suavemente sus tiernos senos de copa B, acariciándose los muslos sin que sus manos llegaran a tocar el panty. No duraba mucho antes que comenzara a frotarse bajo los moñitos que adornaban su tierna ropa interior; le gustaba hacerlo así porque suavizaba la fricción de sus dedos contra el clitoris y los pequeños labios. Su cuerpo se retorcía y se estiraba al vaivén de sus picos de excitación, acompañada siempre de la caperucita roja que en esos momentos más bien parecía un estropajo. Llegado el momento ideal, se quitaba los calzones a toda prisa y sus suaves dedos comenzaban a masajear dentro de su vagina cual un carismático y vigoroso pero modesto amante. La "caperucita roja de Caperucita" ahogaba sus incontrolables gemidos de satisfacción que le producía el frenético restriegue de sus dedos en la vagina. La jovencita ignoró los toques a la puerta de su habitación y no se molestó en detener sus prácticas íntimas cuando mamá Caperucita entró.

- ¡Caperucita, para ya que te vas a ahogar! - La pobre mujer intentaba retirarle la caperuza de la cara para que no se asfixiase. Logró que al menos dejara libre medio rostro, bañado en sudor y en pocos segundos lágrimas de placer. En medio de una torrencial eyaculación femenina, Caperucita se vino cómodamente con la cabeza apoyada en el acogedor regazo de su mamá, quien le despejaba cariñosamente el rostro con sus manos.

- Caperucita, ¡pero que niña tan vigorosa eres! - dice mamá, socarronamente
- Es lo único que me queda, porque gracias a cierta persona me voy a quedar solterona el resto de mi vida.
- ¡jajaja! No seas exagerada, mi niña, tu sabes que hay un momento para cada flor en que su miel...
- ¡Sí, sí sí! Ya he oído esa mil veces, mamá.
- Bueno, entonces dejemos así y como ya sabes, es lunes...
- Sehhh, día de llevarle las hierbas y demás malezas a mi abuela para que haga sus tés raros.
- Bebidas aromáticas y esencias florales. Caperucita, ¡pero que actitud tan rebelde tienes! Todo es por este gorro que te está volviendo loca, ¿qué no ves? todos te llaman "Caperucita Roja" ¡hasta yo! Es mejor que lo devuelva al baúl, no debí sacarlo nunc...
- ¡No, mamá, por favor! ¡te lo suplico! Seré una niña buena.
- ¿Qué tan buena?
- ... muy buena - La escena se convierte en una perturbadora escena donde una joven desnuda se trepa sobre el regazo de una mujer algo mayor para besarla prolongadamente lengua a lengua.
- ¡Pero qué haces, niña! - la aparta bruscamente y le da una palmada - ¡soy tu mamá!
- ¡Serás mi mamá, pero eres una zorra! ¡Sal de mi habitación! ¿O es que quieres verme vestirme también?
- ¡Pequeña putita ingrata! - La mamá azota la puerta tras de sí, recostándose a ella, pensativa. Enseguida, Caperucita y mamá Caperucita sonríen con una sincronizada y pervertida complicidad.

lunes, noviembre 09, 2009

Caperucita Light (ep. 2)


El sótano donde un soldado fugitivo se hallaba más o menos cómodamente refugiado tenía una pequeña ventana desde la cual apenas se podían ver andar zapatos, cascos de caballos, ruedas, gatos, perros y alguna que otra rata. La cercanía del invierno hacía que el diario espectáculo terminara muy pronto; era una escena algo deprimente, si tenemos en cuenta que no habían libros para leer y era imposible prender siquiera una vela. Sin embargo, los últimos prematuros anocheceres eran los momentos más gloriosos que un hombre en desgracia acaso podría merecer.

Mientras miraba por esa ventana que más bien parecía la ausencia de un ladrillo, una mujer envuelta en un chal y con una caperuza roja le abrazaba por detrás, acostando su cabeza contra la nuca. Hans era un hombre bastante alto. Se voltea para mirar a la hermosa mujer que le estaba excitando con la presión de sus senos.

- Te ves tierna e indefensa, como una niña recogiendo flores para su abuela en un bosque donde los lobos acechan -
- No necesitamos a los lobos: sólo a un valiente cazador que la proteja - Enseguida comienzan los besos.
- Pues esta vez yo seré un lobo muy hambriento... - ahora es él quien está detrás, con el rostro clavado su cuello, besando y chupeteando, acariciándole todo el cuerpo sobre la ropa.

Como había estado haciendo frío, las últimas veces sólo dejaban al descubierto lo necesario. Hans adoraba restregar la cara contra las enaguas de la mujer que lo mantenía oculto. Era casi como un ritual: primero se restregaba sobre la falda, luego sobre las enaguas, los calzones de la época, para terminar con esas suaves nalgas al descubierto. No había mayor felicidad para el que besar toda la línea que divide las posaderas; siempre comenzando desde el fin de la espalda hasta presionar con sus labios ese punto donde las piernas se separan. El recorrido de besos iba acompañado con unas manos acariciando muslos y estirándose para repetir la forma de los senos. No pocas veces extrañaba el sabor de sus labios y se ponía de pie para besarla, sin dejar de acariciarle los pechos, ahora libres de los botones y el sostén. Tenía que agacharse un poco para apretar su desnuda entrepierna contra las posaderas de la mujer que no podía dejar de besar y acariciar; quería poseerla de una vez, pero no era capaz de hacerlo sin antes haber recibido una dosis más de la húmeda vagina que tan bien le acogía.

De nuevo estaba arrodillado detrás de ella. Su lengua perdía el control cuando comenzaba a lamer y tragar. Le encantaba olfatear el vello que rodeaba su rosada labia y apreciaba con el olfato de un enólogo el espíritu de una previa micción. Ella le alentaba, excitada, empujándose contra él, intentando que su mano le llegara a todo el rostro; al principio era una precaución para evitar que su lengua le pasara sobre el pequeño orificio, pero luego ya no pudo resistirse a que sus húmedos besos detuvieran su trayecto en el perineo, especialmente cuando sus dedos acaparaban la vagina. Difícilmente saciado, Hans se incorporaba y penetraba cuidadosamente a su hospitalaria dueña. Tal vez en lugar de un lobo, Hans era un enorme oso que cubría todo el cuerpo de una pequeña no tan indefensa.

A lo mejor el aliento de Hans, el sudor de ambos y el orgón acumulado en esa Caperuza roja era la causa del fetiche de Caperucita... con ayuda de aquella vieja fotografía. En cuanto a su madre, del recuerdo de sus orgasmos más apasionados e intensos lo único que quedaba ahora eran unas aleatorias imágenes de zapatos, cascos de caballos, ruedas, gatos, perros y alguna que otra rata.


continuará...

miércoles, noviembre 04, 2009

Caperucita Light


Caperucita Roja, el cuento ideal para proteger a las pequeñas de los robaniños y pederastas, para prevenir a las no tan pequeñas de una violación o un embarazo no deseado. Caperucita Roja, en versión para niños o para el público adulto. Caperucita Roja: acción, comedia, porno, terror, metáfora psicológica, tema artísticamente distorsionado, video musical, comercial de televisión... Caperucita sexy, Caperucita Emo, Caperucita Gore, Caperucita "concept"... ¿Por qué dará para tanto para imaginar? De seguro, muchos de nosotros tenemos un montón de Caperucitas Rojas para contar. Idealmente, una Caperucita Roja debe contar con los siguientes elementos:

1. Abuela, Mamá, Caperucita, Lobo y Cazador. (Aunque una Caperucita ausente, insinuada o suprimida a propósito lo haría bien)
2. Una caperucita roja (me refiero al accesorio, por supuesto)
3. La idea de algo que no se debe hacer, porque trae consecuencias desfavorables, que en últimas se hace, pero al final hay una segunda oportunidad.


Había una vez una jovencita muy linda que tenía un secreto fetiche erótico con una caperuza roja que pertenecía a su madre. La caperuza era un regalo de un antiguo amante, un soldado europeo. La mamá de Caperucita aún conservaba su descolorida foto y un montón de anécdotas eróticas que no tuvo reparos en compartir con su inexperta pero imaginativa criatura.

continuará...


Sección de Lou. Lo siento, no pude escribir más hoy por cuestiones de tiempo. De hecho, ya me tengo que ir a calentar el arroz, el huevo y las salchichas. Si no me he muerto de un infarto por exceso de colesterol, la próxima semana conoceremos las tiernas manías de Caperucita Light :P
Nota: Al escoger un título, tienes que leer desde la entrada de más abajo hacía arriba.

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